La formación del pueblo de Dios se basó en la enseñanza. La Palabra de Dios debía estar presente en la vida cotidiana del pueblo, en sus corazones, guiando sus decisiones. Debía ser repetida a las nuevas generaciones. Debía ser tema de conversación en la casa, en el camino, al acostarse y al levantarse.

 Escudriñad las Escrituras; porque a vosotros os parece que en ellas tenéis la vida eterna; y ellas son las que dan testimonio de mí; ( Juan 5:39 )

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