Los árboles naturales pueden albergar moho, polvo y polen, que exacerban los síntomas de alergia en personas sensibles. Las molestias incluyen estornudos, ojos llorosos y picazón en la nariz.

Un estudio publicado en la revista Annals of Allergy, Asthma and Immunology, descubrió que una pequeña muestra de árboles de Navidad contenía alrededor de 50 tipos de moho, dos tercios de los cuales podían causar síntomas parecidos a los de la fiebre del heno. Por otra parte. Gran parte de los árboles de Navidad artificiales están hechos con PVC, un compuesto resistente al fuego que puede contener metales como el plomo, estaño o bario. El PVC también libera compuestos orgánicos volátiles. Estos gases pueden irritar los ojos, la nariz y los pulmones.

En algunos casos, el PVC también puede contener fatalitos -sustancias químicas que alteran el sistema endocrino, reducen la testosterona en animales de laboratorio y humanos. Pero ya que el PVC y los fatalitos están presentes en muchos otros productos de consumo, es difícil determinar el efecto preciso que la exposición a los árboles artificiales tiene en la salud.

Un árbol artificial tampoco constituye una garantía contra todo tipo de alergia, pues puede acumular polvo y moho.